Un árbol desnudo:
Solo una hoja con vida, yacía en el suelo.
El árbol no lloraba; en silencio repasaba su vida. Y las vidas de las que había sido
observador y elemento.
Una certera, vibrante, reptante criatura, se acercó a la hoja con vida.
En altanero tono le preguntó:
Áspid: ¡Qué!
¿Te has caído?
Hoja: El viento me ha obligado
Áspid: Querida
a mi ningún viento me obliga.
Hoja: Ya lo veo, vas reptando.
Áspid: ¿Reptando dices? Yo circulo vuestra savia cuando siento en mí la tierra. Se ve
que no has ido a la escuela.
El árbol interesado doblo una de sus ramas. Estaba sordo y no escuchaba el meollo
de la conversación.

Áspid: Dime hojita, verdecita, y tontita. ¿Sabes quién soy?
Hoja: Un reptil.
Áspid: ¡Qué ocurrencia! Baja ese rabo que ostentas y que en otra
ocasión te alimentara. ¡Soy la reina! el sumun del veneno
activo, la dadora de la muerte, la guardiana del sonido.
Hoja: ¿Tu
? ¿Importante? No lo pareces.
Áspid: A ver, dulce mota de clorofila. ¡Veme! me puedo parar,
estirar, observar con estos ojillos, lo que pasa en la montaña.
Hoja: ¿Tan pequeña? No te creo nada.
Áspid: ¿No me crees?, ¿Qué quieres que vea?, ¿Qué haga?
Hoja: Quiero que saludes a mi padre, añoso y cansado. Que subas
a las ramas mas altas, contemples bien las montañas, y me
cuentes lo que veas.
Áspid: ¡Que niña eres! Bien, voy trepando, trepando, observando.
Oye, que árbol tan viejo
rugosa es su estructura: parece ser
dentadura de una compañera cobra.
Hoja: ¿Qué ves?
Áspid: Veo un lago
en él sentada una ninfa misteriosa.
Guarda la entrada directa al centro de la tierra.
El lago aparenta dormir, pero empieza a vivir.
Hoja: ¿Ninfa misteriosa? ¿Es hermosa?
Áspid: ¡Que te dijera! Como la Cleopatra primera, a la que yo, fíjate
bien, ¡yo! Desaparecí del planeta.
Hoja: Eres poderosa
y empiezo a creer que de veras ves.
Áspid: Más arriba veo, y desde aquí percibo, el aroma de un mar,
que lento en su oleaje, lanza a la tierra y al paisaje, el olor de
su vientre eterno.
Hoja: Sube, Sube más.
Áspid: Demasiada prisa, amiguita. ¡Ah! ¡Ho!
Hoja: ¿Qué ves? Dime, dime, ¡Qué es?
Áspid: Una nave.
Hoja: ¿Del mar?
Áspid: No.
Hoja: ¿De la tierra?
Áspid: No
Hoja: ¿Del sustrato terrestre?
Áspid: No. No. Es la nave que al espacio llevará de nuevo la
esencia de los dioses que la crearon.
Hoja: ¿Nos vamos?
Áspid: Tú estás muerta. Yo vacía. Ni veneno me queda para
espantarte, ni luz para alumbrarte, ni un beso para dejarte.
Solo tu padre árbol, añoso, cansado, viejo, irá.
Hoja: ¿Papá?
Áspid: Sí. El dio siempre. Nunca preguntó el nombre. Se ha
quedado con las ramas como brazos abiertos, implorando por
otros. ¡El va!
El árbol, estremeció el ramaje.
Desapareció para siempre, de aquel paisaje.
