
El Ave que soñó
Cuando fue creado el planeta Tierra, mismo
que estaba en el pensamiento de Dios,
antes de todos los tiempos, existió una rara y
pequeña ave de plumaje azul.
Bella, de espigado cuerpo, cantaba dulcemente.
La avecita amaba la vida, la luz, el sonido,
el fuego, el río, la montaña, el viento y la nube.
Un día, cuando saludaba al sol, sintió amor por
sus hermanas aves. Una extraña vibración
penetro su ser y quedó muda.
¡Que sola se sentía! ¡Deseaba cantar y no podía!
Una mañana, el Señor del Universo decidió visitar
sus pensamientos creados. Llegó hasta donde
estaba la pequeña ave muda.
La tomó amorosamente entre sus manos,
la contempló por largo tiempo. Le acarició
la cabeza. Puso su piquito cerca de su rostro.
La vos de Dios se convirtió en susurro:
Tu eres mi pensamiento de alegría.
Quien te escuche, será feliz.
Olvidará sus penas, curara sus heridas.
Penetrará en la armonía:
¡A cantar pues, pequeña mía!
Alguien que la oyó cantar, me contó,
que en su trinar decía:
Soñé que estaba en las manos de Dios.
Soñé que Dios me hablaba.
Soñé que Dios me amaba.
Soñé. Soñé. Soñé.
