La Princesa Radina en su Capsula de Diamante

 



Hace miles de años, en el planeta verde de la galaxia espiral, había un reino singular: El reino de Venturina. Estaba cubierto por una cúpula transparente.



Vivían un rey, una reina y una princesa, doce sabios y los súbditos.

Los gobernantes eran justos, generosos. La Princesa Radina, muy hermosa. Color plata el pelo. Ojos verde azul, linda figura, amable corazón e inteligente cerebro.

Radina intercambiaba conocimientos y sentimientos con una estrellita de la galaxia dorada. Se llamaba Safir.

A ella, solo a ella le contaba sus sueños, sus cuitas, sus temores…

La princesa temía por la vida de un grupo de jóvenes, expertos en emergencias galácticas. Habían salido hace mucho tiempo en misión de rescate y ayuda al planeta Featon.

Este planeta estaba entre Júpiter y Marte y había estallado. Quedó solo el cinturón de asteroides.

No había comunicación… nadie sabía nada de ellos, ni siquiera Safir.

En la patrulla de rescate iba al frente el hermano gemelo de Radina, el Príncipe Max. También iba su prometido, Josua el comandante de los ejércitos y 70 jóvenes expertos más.

Radina se preguntaba si vivían, y si podrían regresar.

La verdad es que quedaba un recurso: visitar a los cinco Inefables al centro mismo del universo. Ellos de cierto, tenían la respuesta.

El vivir en Venturina era maravilloso. La cúpula transparente permitía tener un clima constante, ni frío ni calor, ni tormentas, ni huracanes.

Aguas azules brotaban de las rocas, plantas maravillosas, árboles frutales, aves de todos los colores y tamaños volaban libres. Los habitantes eran creativos, amables.

Se respetaban y amaban, contaba para ellos el talento, la habilidad, el servicio, la generosidad, la capacidad de entrega.

Venturina recibía el reflejo de dos soles.

Un día la reina y la Princesa Radina conversaban en el salón de las mil lámparas de mil sonidos y mil esencias:

Reina: Ya no cantas, ni bailas, ni ríes, pequeña mía.

Radina: No puedo sonreír, madre. He perdido el gusto por la investigación, por el arte. La música me conforta.

Leo y estudio, estudio y leo para no pensar. No tengo lágrimas. Intuyo madre mía, que Max, mi amado Josua y los jóvenes de la patrulla de rescate, cumplieron su misión y están con vida.

Reina: No dejes que la tristeza invada tu corazón. Voy a contarte un sueño. Vi con claridad a mi hijo el Príncipe Max y al comandante Josua. Mi corazón salto de alegría. Les hable…

No me escucharon.

Radina: Los deseos se proyectan en los sueños, madre. A menos que tu sueño fuera verdadero.

Reina: Llamaré a los astrólogos, a los magos.

Radina: Mejor será que consulte a los Inefables. Iré al centro mismo del universo.

Reina: ¿Serías capaz de llegar ante ellos?

Radina: Mejor es saber las cosas, madre. Safir me acompañara.

Al oscurecer del día siguiente, la Princesa Radina y la estrella Safir viajaban en el rayo dorado que atraviesa el universo.

Cinco seres de energía habitaban en un palacio de hielo.


Los venerables seres Inefables estaban en la luz y el silencio.

Radina: Saludos de paz, venerables ancianos. Disculpas por distraer su silencio y su paz.

Seres: Saludos de paz, Princesa Radina. ¿Qué te ha traído a nosotros?

Radina: Deseamos saber sobre el paradero de la patrulla de Rescate. 72 jóvenes de Venturina. Salieron en apoyo de los habitantes del planeta Featon. Nos gustaría certificar si el sueño de mi madre, reina de Venturina, es verdadero.

Seres: Real y verdadero es ese sueño. Los jóvenes viven y están a salvo en el planeta Saturno del sistema solar 00071 de la vía láctea.

Radina: ¿Podrán volver a casa?

Seres: Difícil… no imposible. Tendrás que pasar tres pruebas para lograrlo. Encontrar el arco iris del deber-sufrimiento, la voz del arrullo y la gota de amor.

Radina: mi voluntad y lo que soy está desde este momento al servicio de esta misión. ¿Puede Safir acompañarme?

Seres: Safir seguirá siendo tu guía. Te entregara la nave espacial para transportarte. Recíbela como regalo nuestro.

Radina: Muchas gracias, nobles señores.

De regreso a Venturina, Radina y Safir abordaron el rayo plateado. El rayo dorado era para ir, el plateado para regresar del centro del universo.

El rey de Venturina no salía de su asombro. Temerario le parecía el deseo de su amada hija para acudir al rescate de su hermano gemelo, el Príncipe Max y de los jóvenes de la patrulla de rescate. La admiraba por su valor y decisión.

Los reyes de Venturina despidieron amorosamente a Radina. La reina le entregó una capa con polvo de asteroides para hacerse invisible, y un espejo luminoso con la forma de su mano izquierda, para pasar a otras dimensiones o regresar a casa. Aceptaría cada día con alegría y no perdería su paz.

Safir entrego a la princesa una nave en forma de trompo, parecía de cristal, pero era de diamante. Llevaba combustible solar y alimentos para miles de años.

La cápsula de cristal se elevó y se perdió en la oscuridad del cosmos.

Penetro al hiperespacio para acortar distancias.

El sistema 00071 de la vía láctea apareció ante sus ojos. La nave descendió en el neblinoso astro llamado Urano. Montes picudos, semejaban la escritura de cualquier encefalograma.

Seres de enormes cabezas sin pelo, cuerpo dibujado en humo denso, se acercaron. Radina salió de la nave.

Los seres de Urano sabían la historia. Son los sabios-cerebro del sistema planetario.

Radina saludó con amabilidad, preguntó sobre el arco iris de deber-sufrimiento, la voz del arrullo y la gota de amor.

Urano: Sabemos y proporcionamos toda clase de información a quien tenga objetivos claros y nobles. El arco iris está en Júpiter, planeta gigante del sistema. La voz de arrullo se encontraba en Selene y la gota de amor, está en la Tierra.

Radina: Gracias señores de Urano. Grandes informadores son los pensadores como ustedes.


Urano: Verdad de verdad, princesa. Pensar, reflexionar, nos
permite penetrar…experimentar.

Radina: ¿Me podrían informar donde se encuentran ahora los jóvenes de Venturina?

Urano: Atrapados en el planeta Saturno, bajo el encantamiento de la sacerdotisa de la Reina Cobra.

Radina: ¿Encantamiento peligroso?

Urano: Encantamiento amoroso… No debo decirte más. Quitará la gracia de la sorpresa. No temas, vas protegida y sabes actuar. Te entrego esta piedra verde. Cuando precises pensar mejor, usala.

Radina les dio las gracias, les dejo en recuerdo uno de sus brazaletes. La cápsula de diamante se elevó rumbo a Saturno, el planeta azul de los anillos.

Llegaron a Saturno. Según Uranus y Safir, pronto sabría de los jóvenes de Venturina, de su hermano gemelo y de su prometido…

Se estremeció.

Radina salió de la nave y camino sobre un extraño suelo. Apareció un palacio de zafiros. Se coloco la capa que le regalara su madre, la reina de Venturina. Se volvió invisible.

Entró por la puerta de ébano con figuras talladas de serpientes cobra. Guardias de seres azules de más de cuatro metros de alto, vigilaban la entrada. Esperó a que la puerta se abriera para entrar.

El palacio tenía jardines, cascadas, animales de todo el sistema solar, árboles y enredaderas sobre piedras volcánicas… un paraíso.

Recostada en sedas, atendida por una corte de hermosas mujeres, se encontraba la sacerdotisa de la Reina Cobra. Zarime, bella entre las bellas, sabia entre las sabias, poderosa, arrogante.

Radina no salía de su asombro y estuvo a punto de ser descubierta.

Quiso gritar, cuando Josua, comandante de los ejércitos de Venturina, apareció en escena y se acercó a Zarime.

¿Quién era ella? Josua, su prometido, parecía conocerla… la alegría de ver al amado, se salpicaba de angustia.

Se acercó para escuchar. No, no se quitó la capa, seguía invisible.

Zarime: Amado comandante. He sido muy paciente. ¿No crees que ha llegado el tiempo de anunciar nuestra boda?

La vía de acceso a tu planeta está bloqueada… Y así seguirá, no pueden regresar.

Josua: Bella y sabia Zarime. Te debemos la vida y el rescate de la patrulla de Venturina en misión-featon. Hemos intentado regresar, inútilmente. Ante esa realidad, nos casaremos cuando tú lo ordenes.

Zarime: La semana que entra. Tengo que preparar una hermosa boda. Al casarnos olvidaras tu reino, tu planeta, y a tú prometida.

Radina no sabía si reír o llorar, aparecerse, correr a la nave, olvidar la misión. Pensó en los señores de Urano.

Así que esta era “la gracia de la sorpresa”… Inconscientemente apretó la piedra verde. Respiro hondo. La tranquilidad la envolvió de nuevo.

¿Y ahora que?

Radina recibió la proyección de la figura y la esencia de la Reina Cobra. Había que solicitar su consejo.

Caminó por pasillos, salones, jardines y más cascadas. Al final de una cámara con piso de mármol negro, entre inciensos aromáticos a jazmines y mirra.


En un trono de platino y zafiros, la Reina Cobra, reina de la sabiduría del sistema planetario 00071, apareció…




Radina oyó una voz…

Reina Cobra: No temas princesa represento la sabiduría y por ella te he llamado. No te hagas visible. Estamos en una cámara sagrada y mis guardias podrían hacerte daño.

Acércate más.

Radina: Te saludo, Reina Cobra. Recibí tu llamado. Perdona si mi corazón no esta en la paz. He sido testigo de algo que…

Reina Cobra: Lo sé todo. Solo tengo una pregunta.

¿Existe entre el comandante Josua y tú, una promesa de amor? Si es así y el la recuerda y la sostiene, Zarime, mi sacerdotisa, tendrá que dejar partir a tu amado.

Radina: Existe.

Reina Cobra: Toma nota de lo que debes hacer. Sigue una a una mis instrucciones.

Radina: Prometido. Solo que… si Zarime es su felicidad, puedo irme, llevar a la patrulla salvadora de Venturina y a mi hermano el Príncipe Max, de regreso a casa a través de la mano luminosa dimensional.

Reina Cobra: No abandones la lucha antes de comenzar.

La felicidad se gana, princesa.

Radina: ¿Qué debo hacer, Reina Cobra?

Reina Cobra: Hacerte visible en el momento apropiado. No antes…

Estar tranquila. Recordar las palabras de amor entre Josua y tú.

Radina: ¿Todas?

Reina Cobra: No seas ingenua, princesa.

Las palabras que quedaron grabadas en tu corazón.

Las letras vivas del amor, son eternas.

Tu mente las cree olvidadas…

Radina: ¿Pronunciare esas palabras de nuevo?

Reina Cobra: Así es, princesa. Pondrás toda la emoción en ellas.

Si el comandante Josua las recuerda, si dice tú nombre, te harás visible.
Si no es así, y si te ha
olvidado seguirás tu viaje a cumplir tu promesa, y la patrulla regresara a casa por la mano dimencional.

Radina: Acepto, si Josua me ha olvidado, es libre. Seguiría mi viaje para buscar el arco iris de deber-sufrimiento, la voz del arrullo y la gota de amor.

La Princesa Radina salió del palacio de la Reina Cobra, de pronto, vio venir a su hermano, el Príncipe Max, conversando.

Max: Dime Josua. ¿Has perdido la esperanza de regresar al reino de Venturina?

Josua: No hay forma de volver. Las vías de comunicación y acceso han quedado bloqueadas con la catástrofe de Featon.

Max: Zarime anunció la boda para la semana próxima.

¿Te casaras?

Josua: No tenemos otra salida, príncipe, me siento hechizado por su belleza y sabiduría del amor. Solo ha sido mi amor la Princesa Radina… no la volveré a ver.

Radina no esperó ni un segundo más. Se acerco y en el oído izquierdo de Josua susurró:

 


Radina: En tu ausencia, la lluvia tiene hoy, sabor a llanto…

Josua: ¡Canto de amor! ¿Qué digo? Radina, princesa mía, te siento tan cerca…





FIN DE LA PRIMERA PARTE, CONTINUA
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