
Son las cuatro de la tarde. El mar está muy azul. Las olas son pequeñas y Luis armando está sentado en su hamaca. Un techito de palma le cubre del sol.

Al niño le gusta el mar. Lo contempla, es feliz, está en paz.
Todos los días visita el mar. Maravilloso Océano Pacífico. El niño cree que es su confidente. El mar guarda silencio. Le acaricia los deditos de los pies
también quiere al niño.
Luis armando se levanta. Descalzo camina hundiendo sus pies en la arena. Llega a la orilla y habla:

Amigo mar, creo que pasare de año. ¿No te alegras?
Una ola reventó a los pies del niño. Este por poco y se cae.
Vamos no es para tanto.
Luis Armando escucho una voz alargada:
Niño, ven.
Voltea, busca, no hay nadie.
Aquí estoy. Estoy en el mar.
Al mirar al frente, sobre la cresta de una ola, está un Caballito de mar. No es un caballito de mar común y corriente. Este es grande, casi del tamaño de Luis Armando. El niño lo ve.

Ven.
¿A mi me hablas?
El niño está más que sorprendido. El Caballito de mar preguntó:
¿Te gustaría dar un paseo conmigo?

¿Un paseo, a dónde?
A la ciudad encantada del mar.
¿Ciudad? ¿Dentro del mar?
¡Claro! Dentro del mar. Es una invitación especial para ti.

Luis Armando esquivó una ola.
Gracias Caballito. Le dices al padre mar que soy un niño de la Tierra y no sé respirar dentro del agua. ¡Apenas si puedo nadar!
El caballito de mar se acercó y le dijo.
Toma esa conchita azul. Fíjate bien que no es igual a las demás conchitas que conoces. Ponla debajo de tu lengua. Te sentirás como un pececillo.

El niño caminó hacia dentro y recibió la conchita. Se la puso debajo de la lengua. La sintió saladísima. Preguntó:

¿Regresaremos temprano?
Cuando tú quieras.
Entonces, ¡vamos!
Luis Armando montó con toda confianza en el Caballito de mar. Se sumergieron. ¡Qué mundo tan bello! Color, movimiento y más color. El niño iba admirando plantas enormes, peces, moluscos, estrellas de mar y animalitos que parecen pequeños árboles. Se siente feliz; no le hace falta oxígeno. Realmente la conchita azul es maravillosa.

Pasaron por el viejo casco de un barco hundido. Se ve misterioso. Sin embargo, los pececillos no le temen pues se pasean por él.

Cruzaron veloces por un bosque de corales. Parecen pequeños arbolitos de piedra de color naranja, rojos, blancos y negros. Al seguir a más velocidad, Luis Armando abrazó al Caballito de mar por el cuello. Y allá, a lo lejos, un castillo dorado.


Dos peces voladores están de guardia. El Caballito le dijo: Esta es la ciudad encantada del mar, puedes entrar.

El niño saludó con la cabeza a los peces de la entrada. Estos movieron la cola. Dentro se veía un salón enorme con techos altísimos. Tres lámparas circulares con peces fluorescentes, apagaban y encendían su luz.
Al final del salón, algo increíble:
Sentadas, en tronos cuajados de perlas, estaban siete sirenitas.

El color del cabello de cada una era distinto. La piel sonrosada.
Las colas brillantes, del color del pelo. La sirenita de la orilla era plateada, otra era dorada, la tercera color cobre.

En medio, meciéndose en un columpio de algas, sonreía una sirenita de color lila pálido.
La sirenita azul, dijo:
Acércate, no tengas miedo.
Luis Armando llegó hasta ellas. En el fondo de sí mismo sentía un poco de temor, de sorpresa, de curiosidad:
¿Quiénes son ustedes?
Somos las hadas del mar.

¿Hadas del mar? Parecen sirenas
¿Siempre han vivido aquí?
Siglos, y más siglos que la ciudad encantada del mar, que está en este lugar.
¿Y por qué no se sabe nada de ustedes?
Algunos marineros nos han visto. Solo que al llegar a tierra niegan habernos conocido.
El niño se mostró interesado:
Bellas sirenitas, ¿Qué hacen ustedes aquí?
Guardamos los tesoros del mar. Escribimos las leyes de armonía para los peces y somos encargadas de llevar el libro mágico del mar.
¿Hay un libro mágico del mar?
Sí. En él se encuentran las historias y cuentos del planeta Tierra.
La sirenita dorada hizo una señal y fue tocada una flauta gigante por un pez espada. Se escucharon y se vieron los círculos que dejaba la vibración, cada vez más y más grandes.
Cuatro pececillos rojos entraron con un enorme libro de pastas doradas. La sirenita lila abrió el libro en dos. Aparecieron dos páginas en blanco. Las hojas no eran de papel, eran de un cristal transparente.

No veo ninguna historia. Es más, no veo nada.
Con sólo desearlo, aparecerá la historia que quieras.
¿Cuentos e historias de lo que ya pasó?
Sí. Puedes también ver las que están ocurriendo ahora y las que vendrán en el futuro.
Luis Armando colocó el dedo índice en la sien, para pensar mejor. ¿Cuál cuento pediría? Se acordó del viejo barco pirata por el que pasaron él y el Caballito de mar
¿Podría ver una historia de piratas?
Las páginas de cristal se iluminaron. Apareció un barco con las velas desplegadas. En un mar tranquilo. La bandera asegura que es un galeón español. Probable es que lleve cargamento de plata de la Nueva España. De pronto como si fuera una película a colores, aparece en la pantalla otro barco de vela.

El vigía, con un parche en el ojo, lanzó su mirada al horizonte; poco más arriba de él, se ve una bandera. Tiene una calavera sobre el fondo negro. ¡Es un barco pirata!
El barco de la calavera se acerca agresivo. Los piratas lanzan escalerillas al galeón español y se escucha una voz:

¡Al abordaje, mis corsarios!
Los piratas ingleses abordan el navío español
Se entabla una encarnizada lucha de espadas y sables
Al final, el barco, cargado con plata y tesoros, se dirige a Inglaterra.
El niño dijo entonces:
Quiero ver lo que está sucediendo ahora.
El libro mágico se apagó y se prendió de nuevo. Se veía oscuro, como si fuera de noche. De pronto, aparecen en la pantalla algunas naves surcando el espacio.

¿Y eso?
Es el hombre que conquista otros planetas. Ya tiene datos reales,
¿Quiénes van en esas naves?
Unos pertenecen a Asia, otros a América. Lo verdaderamente importante es que son hombres.
Ahora quiero ver el futuro, dijo el niño.
Apareció un sol radiante, luminoso. Contemplando esa luz, están un hombre, una mujer y un niño.
¿Y ellos quiénes son?
El hombre eres tú, porque tú eres el futuro.
La mujer será la pareja que escojas. Ese niño nacerá del amor de ambos.
Después de conquistar la Tierra, el mar y el espacio, el hombre del futuro se conquistará a sí mismo y vivirá con amor y en paz con sus hermanos hombres.
El libro se apagó de nuevo. El niño se quedó pensando por un momento.
Las sirenitas bajaron de sus tronos y acompañaron a Luis Armando hasta la entrada del castillo. Agitaron sus manos y le dijeron: Adiós, adiós.
El Caballito de mar lo esperaba.
Montó de nuevo y a toda prisa se dirigieron hacia la orilla. El sol ya quería ocultarse. Luis Armando desmontó y saltó del agua. Se volvió hacia el Caballito de mar y le dijo:
Gracias al padre mar y a ti. Fue un paseo maravilloso. Ojalá y te vuelva a ver.

Luis Armando puso la conchita azul en la bolsa de su pantalón. Piensa guardarla bien. Tal vez otro día la utilice.

¿Lo invitarán de nuevo a la ciudad encantada?
Sería fantástico consultar de nuevo el libro mágico y saludar a la Sirenitas de color.
Ha pasado el tiempo. Allí a la orilla de la playa, en las costas de Acapulco, se encuentra un niño.
Espera ver de nuevo, al Caballito de mar.

