
Todo va oscureciendo.
El campo, las flores, los animales, el río, bostezan. Pronto irán a la cama.
Bajo un árbol grande, ramas abiertas, hojas escarlata, empiezan a reunirse personajes vestidos de gala.
Un cartel con pintura mágica, anuncia un concierto. Todo es movimiento, alegría, saludos.
Los grillos afinan, los cocuyos salpicados con polvo de estrellas, conducen a sus asientos a la concurrencia.
De pronto, silencio. Bajo ese árbol viejo, cansado y poco sordo, se advierten los primeros compases de una melodía llena de ritmos extraños, increíbles.
El viento lleva esas notas melancólicas y suaves por todo el campo.
Las flores abren sus corolas y se estremecen.
El oído humano no puede percibir ese canto. Gracias a ello, la naturaleza conserva algunos de sus tesoros.
Los pequeños seres sonríen, como si esa melodía fuera su propia oración.
Fueron saliendo.
Quedaron bajo el árbol el parlanchín amigo conejo, el filósofo búho Gafas Negras y la ardillita Naju que tocaba su cabeza con una coronita de avellanas de plata.

Naju: Me parece un sitio misterioso y hermoso.
Conejo: ¿No era mejor la orilla del lago? ¿Cómo siempre?
Búho: Coincidimos
pero
este lugar, tiene un gran secreto.
Conejo: ¿Secreto dices?
Búho: Es más que un secreto
es una historia verdadera.
Conejo: ¿Qué esperamos para contarla? Dame todos los datos para publicarla.
Búho: Me desesperas
Todo lo quieres comunicar.
Conejo: Hay un derecho a la información.
Naju: Si hay una historia, hay que compartirla. ¿Somos amigos, no lo somos?
Búho: Somos, voy a contar todo. Vamos a la casa de la ardillita Naju.
Bebe gorila llegó de un salto al grupo de amigos.

Bebe gorila: ¡Cuenta! ¡Cuenta! Quiero escuchar un cuento.
Búho: Esta historia ocurrió de verdad. Nada de interrupciones.
Todos: Prometemos no interrumpir. ¡Cuenta ya!
La ardillita Naju los invitó a tomar una copita de miel en el cáliz de la flor azul que cubre los campos en primavera.

Búho: Cuando este árbol llegó al bosque, se mostraba melancólico.
No hablaba. No aceptaba invitaciones. Se llamaba Chancleto.
Conejo: ¿Chancleto de chancla?
Búho: Conejo: ¿así vas a seguir?
Búho: No me acuerdo cuanto tiempo ha pasado. Una noche, yo volaba. Buscaba ratoncitos para cenar, tropecé sin querer con una de sus ramas
mis lentes se cayeron y se rompieron
oí una voz.

Árbol: ¿Te hiciste daño?
Búho: No, pero no veo nada.
Árbol: ¿Tienes prisa?
Búho: Tengo hambre.
Árbol: Puedes merendar conmigo.
Búho: ¿Merendar? Acepto.
El árbol sugirió al búho sacara del hueco del tronco, unos panecillos de miel. Luego, como si en verdad necesitara hablar comenzó el relato:
Búho: Nuestro amigo el árbol, el Gran Chancleto, fue un ser humano. Un mago.
Vivía en un pueblito risueño y bondadoso. Su casa tenía un jardín con flores del planeta Júpiter, esas flores tenían una virtud.

Volvían bueno al que las oliera por supuesto que Chancleto se mandó hacer un pañuelo con esencia de átomos de sarampión.
No quería perder la importancia de ser algo malosito.
Narrador: El mago tenía un sirviente alto y pecoso. Se llamaba Ignoto. No se peinaba. Los cabellos eran rojos.
No se portaba tan mal. No sabía hacer nada.
Era el burro preferido de la escuela.
Le gustaban las travesuras.

No era envidioso y jamás contaba lo que hacía Chancleto.
Búho: Chancleto se dedicaba a la magia verde los martes, a la roja los lunes, la morada los viernes. Domingos, cazaba mariposas y regaba las flores mágicas.
En verdad no hacía mucho daño
Una mañana, despertó con la idea de que quería ser rico.
La idea de la riqueza le daba vueltas y vueltas. Se sintió mareado.
Se encerró en su cuarto anaranjado y se acostó.
Conejo: La verdad esas ideas son peor que un dolor de estomago.
Búho: Esas ideas y otras más son pruebas para los humanos.
¿A que no saben que se le ocurrió? Esclavizar al pueblo.
Poner a todos a trabajar y volverse archí -millonario.
El mago no dormía, no comía por estar haciendo cálculos, en tres noches preparó un brebaje verde con motitas azules.

Grito. Salto y salto. Llamó a Ignoto.
Mago: ¡Mira amigo! Seré rico, más que rico. Todos, todos.
Todos, trabajarán para mí. Hombres, mujeres, niños
Sembrarán las semillas del algodón de colores.
Las telas se verán sensacionales. Los copos brotarán de la tierra en colores blanco, magenta, azul, amarillo, ocre

Ignoto: ¿Vestidos de Arco iris?
Mago: ¡Andale! Ropa de colores, diferentes vibraciones y olores.
Ignoto: Perdón ¿quién las comprara?
Mago: Por favor
pueblos enteros. Confío además en el buen gusto de las hadas, gnomos, duendes, ninfas, delfos
Mago: ¿Sueño? Ya no es sueño. Es realidad. La semilla que voy a entregarles para que la siembren cantando, la recibí de Urano.
Los hombres sembrarán, las mujeres hilarán, y los niños, venderán. ¡Que empresa Ignoto! ¡Que empresa!
Ignoto: Señor mago. ¿Quién les enseñará a trabajar?
Mago: Por supuesto que yo. Proveo, capacito, cosecho
Y ellos, a ¡Trabaajaaar!
Ignoto: ¿Así de fácil?
Mago: Yo no dije fácil. Ellos y ellas ni un pensamiento negativo podrán albergar. Por lo que ese pensamiento, se los voy a quitar. Ignoto, amigo. Cero pensamiento, cero deseo, cero problemas. No me puedo arriesgar.
Ignoto: Suena terrible. No me diga que para eso preparo la botella verde.
Mago: ¡Por supuesto Mira
unas gotas de este elixir y
olvidarán quienes son y a que han venido!
Ignoto: ¿Gotitas de una encima de la lengua?
Mago: ¡Las echare en el ojo de agua del río del pueblo
Y ya!
Ignoto palideció. Tuvo el presentimiento de algo realmente malo.
Búho: Al otro día, cuando el sol se estiraba en su camita, el mago salió de puntitas de su casa para no despertar sospechas.


En el pueblecito nadie volvió a sonreír.
Se levantaban, lavaban los dientes, se peinaban, desayunaban, trabajaban, comían, trabajaban, cenaban, dormían
que tristeza.
El día igual que la noche. El calor igual al frío. Nadie reía, nadie jugaba, nadie soñaba.
Búho: Al pasar una semana, el mago sintió que había llegado el momento.
A las siete de la mañana del séptimo día, Chancleto subió a la loma, se puso la capita de 33 maldades. De su bolsa una flauta encantada hizo silbar.

Llegaron uno a uno los habitantes del pueblito amanecer las miradas vagas y el alma quien sabe donde.
Búho: El mago hablo de sembrar, hilar, traería telares, venderían y claro, el llevaría las cuentas, los números y las ganancias.


Todos movieron la cabeza y dijeron: Sí. Otros, ni la movieron.
De todos modos era sí. Los formo de dos en dos. Pusieron su huella y aceptaron los contratos. Escrito decía que trabajarían sin percibir ningún sueldo. Allí decía también que si enfermaban, el mago los curaría.
Que amable, generoso y humano.
Búho: Chancleto se encargo de entrenarlos y proporcionarles todo lo que necesitaban para el trabajo. Y mientras la mamá Tierra daba vueltas y vueltas alrededor del Sol y el Sol alrededor de
Sirio y Sirio alrededor de Alcione, que están en el centro de nuestra galaxia, la siembra, la cosecha, el hilar, tejer y vender, resulto de maravilla.
Conejo: Te apuesto que hasta las brujitas compraban algodón de colores. Los dineros deben de haber estado en el sótano.
Búho: Me resultaste clarividente, conejito. En verdad Chancleto contaba moneda tras moneda, cada día. Escribía en hojas enormes. Borraba, tachaba, números y números.
Una de esas noches, mientras el mago dibujaba, hacía cuentas y se felicitaba por el gran negocio, en el fondo del jardín donde estaban las flores del planeta Júpiter, se empezaron a distinguir rayos luminosos azules y violetas. Las luces se volvieron más intensas y parpadeaban.
Como faros encendidos las luces se proyectaban sobre una bellísima mujer de pelo negro, ojos azules rasgados, vestía una túnica de seda, salpicada de zafiros.
Ignoto salió para ver que sucedía y escuchó una voz femenina:
Brisa: Ignoto ven acércate.
Ignoto: No te conozco, nunca te había visto.
Brisa: No temas. Soy Brisa de Oriente, de un lugar azul y de paz.
Vengo a prevenirte. No entrarás en el Reino del amor y del silencio si por lo menos no haces una buena acción.
Ignoto: ¿Acción buena? No me se ninguna.
Brisa: Reflexiona. Entra en ti. Penetra a tu corazón. Encontrarás la respuesta.
Brisa de Oriente cruzo las manos en el pecho. Desapareció.
Búho: Toda esa noche, Ignoto dialogo con su conciencia.
Una conciencia simpática de ideas liberales y amante de hacer lo que le venía en gana.
Ignoto: Conciencia mía. ¿Qué es una buena acción?
Conciencia: La verdad, la verdad es que de acciones no se nada.
Pero, ¿recuerdas que tu amo no te deja ir al jardín porque dice que las flores mágicas de Júpiter te volverán bueno?
Saltaron de la cama y en pijama fueron al jardín. Las flores empezaron a exhalar un aroma penetrante. Sintieron que el piso se movía, cayeron al suelo. Las primeras gotas de rocío los hicieron levantarse, algo extraño había pasado. No sabían que.
Pasó el tiempo y la Tierra seguía dando vueltas. Ignoto había sido nombrado primer agente vendedor del algodón de colores. Era un ser importante. Pero en su interior, había cambiado. No se alegraba del mal ajeno, le dolía ver a la gente del pueblo, a las mujeres y a los niños trabajando tanto.
Una tarde, Ignoto sintió que una fuerza interna lo hacía sonreír. Se sintió amable con la hierba del campo, caminó por la vereda para no lastimarla. Deseo con todo su corazón que el pueblo volviera a ser feliz. Ya no había fiestas, ni danzas, ni rondas, ni juegos pirotécnicos.
Búho: Ignoto rechazó y espanto esa idea, ese sentimiento, no podía traicionar al mago.
En ese preciso momento apareció Brisa de Oriente.
Brisa: Se lo que has deseado, vengo en tu ayuda.
Ignoto: Ni me digas que esta es una buena acción. Te digo que no puedo. Debo fidelidad a mi amo. Confieso que deseo la felicidad de la gente del pueblo.
Brisa: Nada de exigirte que traiciones al mago. Solo harás tu buena acción.
Ignoto: ¿Que debo hacer?
Brisa: Deberás buscar en el campo de labradores, a un joven que representara a todos. Deberá pasar tres pruebas. Encontrará la libertad. Terminará el hechizo del mago. La respuesta está en con las Salamandras de oro.
Ignoto: ¿Salamandras de oro? ¿las que guardan el fuego sagrado?
¿corre peligro?
Brisa: Es la llave para actuar como verdaderos seres humanos.
Toma este zafiro. Llevas al joven a la orilla del río.
Le soplas en el rostro. Cuida de no atemorizarlo.
Despacio. Dile que me has encontrado y le entregas la piedra.

Ignoto: Dice el mago que soy bien atarantado. ¿Y si se me olvida lo que has dicho?
Brisa: No olvidarás. Recordarás todo. Al joven lo guiaré a través del zafiro. Querido Ignoto, te enviare a visitarme al Reino del amor y del silencio.
Ignoto: Bien tratare de hacerlo.
Brisa de Oriente desapareció. Al otro día, Ignoto hizo todo al pie de la letra. Encontró a un joven campesino de nombre Fer. Le entrego la piedra. Le dijo que tenía que ir a buscar a las Salamandras de oro que difícil fue que aceptara la misión. No entendía nada. Ignoto le repitió despacito, todo lo que recordaba.

Fer: Bien amigo. Tratare de dar lo mejor de mi mismo. La verdad no me siento capacitado, preparado para pasar las pruebas. Voy en camino, gracias.
Árboles frondosos y maleza. Por una vereda siguió el río. Frente a el aparece un macizo de montañas. Había que escalar...
FIN DE LA PRIMERA PARTE, CONTINUA...
